Experiencia en Zamora «CUIDAR: UNA VOCACIÓN HECHA PROFESIÓN»

«Es increíble que hayan pasado más de 43 años, la verdad es que se me ha hecho muy corto y, haciendo balance de mi trayectoria laboral, puedo decir que ha sido un camino que ha merecido mucho la pena, cuidar fue mi vocación y hoy volvería a elegirla.

Me resulta muy difícil encontrar palabras que reflejen de manera fidedigna todo lo que ha significado mi trabajo, intentaré no extenderme mucho. Para mí, que siempre fui una enfermera vocacional, este trabajo le ha dado a mi vida significado y dignidad. En todos estos años he tenido el placer de trabajar con muchas personas y quiero agradecer a cada una de ellas su aportación, todos habéis contribuido a que sea la persona y enfermera que soy ahora, me llevo recuerdos preciosos de todos y cada uno de vosotros.

De mi trayectoria laboral quiero hacer especial hincapié, por todo lo que ha significado, en mis últimos y gratificantes años de profesión. Hace 13 años llegué al ESDCP (Equipo de Soporte Domiciliario de Cuidados Paliativos) creyendo que ya lo sabía todo de mi profesión, tenía formación, experiencia, pensaba que entendía la enfermedad y el dolor, pero no podía imaginar que entonces empezaba la etapa más formadora y transformadora de mi vida laboral y personal.

En paliativos aprendí que no siempre se cura, pero que acompañar puede ser tan eficaz como cualquier tratamiento, sostener manos en silencio, escuchar miedos que, a veces, sólo se dicen con los ojos e intentando a la vez, que no se noten mucho los tuyos propios. Cuando creía que aportaba algo, era yo quien más aprendía, por ejemplo, a mirar más despacio, a comprender que la vida no se mide en años, a que tu presencia es de las cosas más importantes que puedes ofrecer, a celebrar pequeños gestos…., tantas cosas y tan importantes!!!!, ese es el privilegio de mi profesión, que te permitan estar cerca, acompañar y aliviar en lo posible; me llevo conmigo cada historia, cada mirada agradecida, (¡¡¡cuánto se puede transmitir con una mirada!!!), y también aquellos días difíciles, que me enseñaron a ser más fuerte sin perder nunca la humanidad.

Estos 13 años, además de experiencia profesional, me han aportado ilusión, me han recordado porqué elegí cuidar, cada paciente me enseñó algo sobre dignidad y amor e incluso, en las situaciones de mayor fragilidad, como puede ser un final de vida, pude ver una fuerza encomiable y despedidas llenas de ternura; a veces el dolor revela la luz que cada uno lleva dentro. Gracias a todos mis pacientes y familias por dejarme entrar en vuestras vidas y permitirme acompañaros, me habéis dado mucho más de lo que podré devolver.

Otro de los privilegios que he tenido en paliativos ha sido el de pasar a formar parte de la comunidad paliativa y hacer mía esa filosofía que siempre llevaré conmigo. Desde el primer congreso me hicisteis sentir totalmente integrada, muy acogida, pendientes de mí, ¡cómo me impresionó esa primera experiencia!, sabía que me gustaban los cuidados paliativos, pero conoceros me dejó tan impresionada que supe que eso era lo que siempre quise hacer y me enamoré de esa filosofía.

Dentro de mis agradecimientos quiero hacer mención a la ACPD en el marco del Programa para la atención integral a Personas con Enfermedades Avanzadas y sus familias de la Fundación “La Caixa”, ya que su incorporación a nuestro equipo supuso un antes y un después, muchas gracias por el apoyo psico-social, es primordial en el cuidado paliativo; igualmente quiero hacer extensivo este agradecimiento a las profesionales de la AECC, con quienes hemos tenido el placer de trabajar y ya forman parte de nuestro equipo y, como no, a todas las maravillosas personas que forman la unidad de Cuidados Paliativos del Hospital Provincial, brillantemente lideradas por nuestra supervisora (gran profesional y persona), ha sido un placer compartir cuidados con todos vosotros. Tampoco me olvido de todos los residentes (EIR, MIR, PIR), que han pasado por nuestro equipo y a quienes quiero agradecer su aportación, también habéis formado parte de esta historia.

Por último y más importante, mis compañeras de equipo, ¡¡¡MIS NIÑAS!!!, “mi equipito”, con quien he tenido la grandísima suerte de compartir estos años, qué deciros que refleje la realidad, sois un equipo extraordinario, pero, sobre todo, personas maravillosas. Trabajar a vuestro lado ha sido para mí un regalo increíble, me habéis contagiado vuestra juventud, con vosotras los momentos difíciles han sido más llevaderos, ese apoyo mutuo, esas sonrisas compartidas y esas miradas que lo decían todo. Cada día con vosotras ha sido un privilegio y os llevaré siempre conmigo como una parte muy importante de mi vida, no solo profesional, sino también personal; no dejéis nunca de hacer lo que hacéis y cómo lo hacéis, valéis mucho y no permitáis que nadie lo ponga en duda, vuestros pacientes os lo agradecerán siempre. Gracias de corazón por todo, siempre seréis parte de mí, os considero mi familia y os quiero muchísimo.

Me jubilo con la certeza y tranquilidad de haber ejercido la profesión que siempre he amado y convencida de que ha valido la pena, me llevo recuerdos imborrables y estoy muy agradecida por cada paso en el camino y, aunque peque de soberbia, creo que lo he hecho bien.

A todos los que os habéis cruzado en mi camino, de nuevo, gracias por tanto, gracias por todo y por formar parte de esta historia, sabed que me jubilo de mi trabajo, nunca de mi profesión y vocación.

Un beso y hasta siempre.»

Mª José Vicente García. Enfermera. Zamora.

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